¿No has firmado un pacto de socios? Estos tres CEO’s (sin un duro) tienen algo que contarte

Categoría: Guías

Dentro de las listas del estilo to do things de todo buen emprendedor, hay un elementos que todos los emprendedores experimentados incluyen: firmar un pacto de socios.

Sin embargo, no todos los que emprenden lo firman: craso error. Porque sí, claro, ya sabemos que tu socio y tú sois buenos amigos, y no va a pasar nada malo, y el nuevo inversor también es un tío majete, todo va a ir bien… pero créenos, las desgracias ocurren. Y más te vale rezar para no verte involucrado en alguna de ellas.

¿No nos crees? ¿Sigues pensando que firmar un pacto de socios puede estar bien si tienes recursos de sobra pero que, si no, es una pérdida de tiempo y dinero? Échales un ojo a estos tres casos y nos cuentas:

1. EL EMPRENDEDOR QUE VENDIÓ SU EMPRESA POR 50 MILLONES… Y NO VIO UN DURO

El primero de nuestro ejemplos es Lane Becker, fundador de Get Satisfaction, una startup nacida en 2007 en San Francisco.

El proyecto de Becker parecía prometedor, muy prometedor. Tanto, que en cuatro años hicieron dos rondas de financiación: una de 6 millones de dólares y otra de 10 millones. Tras ellas, la compañía pasó a estar valorada en nada menos que 50 millones de dólares.

Sin embargo, cuando Becker –que fue perdiendo acciones y poder de decisión– firmó la segunda ronda, cometió lo que, a la postre, fue un error: firmar unas liquidation preferences que establecían que, en caso de que la empresa tuviese que ser vendida debido a una mala situación, los primeros en recuperar su dinero serían los inversores.

Y eso fue exactamente lo que pasó en abril del año pasado: Get Satisfaction fue comprada por Sprinklr, pero Becker no vio un duro.

Y, ¿cómo crees que le sentó eso al emprendedor? Compruébalo en su propia cuenta de Twitter:

2. EL EMPRENDEDOR QUE CAMBIÓ UNA BICICLETA POR UNAS ACCIONES… QUE ACABARON VALIENDO 25 MILLONES

El segundo ejemplo nos lleva hasta Cambridge, en Inglaterra. Fue ahí donde un jovencísimo Chris Hill-Scott fundó Swiftkey con varios amigos de la universidad.

Sin embargo, Chris se cansó enseguida de la vida emprendedora: la tensión, el estrés, las jornadas de trabajo interminables… Así, muy poco después de fundar la compañía, se largó. Y como Swiftkey apenas era nada, decidió vender sus acciones a sus socios a cambio de una bicicleta.

Seguramente sepas cómo ha acabado la cosa: Microsoft ha comprado Swiftkey por 250 millones de dólares. ¿Y cuánto habrían costado las acciones de Chris en caso de haber seguido en la empresa? Unos 25 millones de libras.

3. “ESTABAN DESVIANDO LOS BENEFICIOS A IRLANDA”

Para que veas que este tipo de cosas no sólo pasan en sitios lejanos, el último caso es de un español. Se trata de Juan Margenat, el fundador de Marfeel, que tuvo que enfrentarse a una situación así al principio de su carrera emprendedora:

“Mi error fue no firmar un pacto de socios. Al principio me preocupaba relativamente, porque yo tenía el 50% de la sociedad, pero (…) con una ampliación de capital me diluí un poco. (…) Un día, mis socios me dijeron que habían vendido su parte. (…) Hizo que yo saliera de mi propia compañía y tuve que estar un año de abogados luchando contra mis nuevos socios para que no me robaran, ya que estaban desviando la facturación y los beneficios a otro país”.

Por suerte, la mala experiencia le sirvió de mucho y no le impidió continuar su carrera. A día de hoy, Margenat no sólo sigue emprendiendo, sino que también es mentor en Seedrocket e inversor de startups como Kantox, Deporvillage y Offerum.

¿QUÉ PIENSAS AHORA DEL PACTO DE SOCIOS?

Y ahora, qué, ¿sigues convencido de no firmar un pacto de socios? Que sí, que el Get Satisfaction tuvo mala suerte, y Juan Margenat también, y nadie dice que las acciones de Chris Hill-Scott hubiesen valido ese dinero si se hubiese quedado en la empresa… pero, ¿a que hemos conseguido que te lo pienses?

Y si no quieres quedarte a medias con tu startup y estás en busca de financiación para ir más allá, tenemos algo que decirte…

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Imagen: Lane Becker.

C. Otto

Periodista freelance. Escribo de economía, emprendimiento, empleo y tecnología en El Confidencial, El Mundo, Antena 3, Startupxplore, Yorokobu...

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