Vuelve ‘Silicon Valley’: diez lecciones que podemos aprender de la famosa serie sobre ‘startups’

Categoría: Analisis

Si Los Simpson llevan 27 temporadas prediciendo el futuro y enseñándole al mundo lecciones de todo tipo, está claro que de las comedias se puede aprender (y mucho). Más allá del claro ejemplo de los amarillos e inmortales habitantes de Springfield, otra ficción estadounidense entretiene mientras ilustra a sus espectadores sobre una realidad muy concreta: la del mundo de las startups. Bienvenidos a Silicon Valley.

Mientras la región al sur de la bahía de San Francisco sigue erigiéndose como el epicentro de la industria de las startups tecnológicas y atrayendo las miradas de todos aquellos que ven en Google o Facebook un ejemplo a seguir, la serie de HBO creada en 2014 ha estrenado recientemente su tercera temporada para seguir haciendo humor a costa de la cultura empresarial del valle del silicio.

En Silicon Valley, el programador Richard Hendriks protagoniza la historia de su propio proyecto: mientras trabaja en Hooli (un gigante de internet con un parecido más que razonable con Google), desarrolla en una incubadora de startups Pied Piper (traducido en la versión española de la serie como El Flautista), una aplicación de música cuyo ingrediente secreto es un algoritmo de compresión de archivos capaz de revolucionar internet.

A partir de ahí, la serie construye toda una trama humorística que encierra más de una verdad. Desde inversores que tratan de manipular la idea original hasta ese sinfín de obstáculos que debe superar una buena idea para llegar a ser una startup de éxito, Silicon Valley desgrana los pormenores de la vida de un emprendedor del que se pueden aprender no pocas cosas:

1.- Rodéate de un equipo que incluya perfiles diferentes.

En la incubadora en la que crea El Flautista, Hendriks cuenta con la ayuda de Dinesh, experto en Java; Gilfoyle, especialista en arquitectura de sistemas y Elrich Bachman, emprendedor de éxito y propietario de la incubadora. Con otros profesionales que van sumándose al proyecto, Richard crea un equipo multidisciplinar clave para el éxito de la startup.

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2.- Analiza el contrato que tienes firmado.

Más allá del dilema sobre si es posible desarrollar un proyecto compatibilizándolo con el trabajo para otra empresa o si es mejor lanzarse a la aventura dejando el empleo para volcarse en la startup,  es imprescindible comprobar si es posible siquiera la primera opción: a Richard le cuesta un disgusto (y una demanda) no hacerlo, ya que Hooli reclama el algoritmo de compresión para sí, alegando que lo creó mientras era empleado de la compañía.

3.- Asegúrate de las intenciones del inversor (por muy conocido que sea).

En Silicon Valley queda claro que no es buena idea dejarse cegar por la fama de un inversor. Ya sea uno conocido en el mundo de las startups o una celebridad que decide destinar parte de su dinero al panorama emprendedor al más puro estilo Ashton Kutcher, es imprescindible saber qué planes tiene esta fuente de financiación para la empresa. En la serie, Richard acepta el dinero de Russ Hanneman, un adinerado famoso que termina interfiriendo demasiado en las decisiones de El Flautista y en el día a día de la startup. Por desgracia, Hendriks lo descubre demasiado tarde.

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4.- Evita sustos con un buen pacto de socios.

Las distintas aristas que hacen del pacto de socios un documento indispensable para cualquier startup son corroboradas en Silicon Valley. Sin ir más lejos, en él debe quedar reflejado el papel de cada uno de los socios y su poder de decisión. Solo así podrás evitar que el inversor logre quitarte de las manos el puesto de CEO, como le sucede al padre de El Flautista al final de la primera temporada.

5.- Cuida las relaciones profesionales.

Por mucho que un emprendedor sospeche de las intenciones de un inversor, tema el éxito de la competencia o vea peligrar el secreto de su producto, cultivar buenas relaciones con todo el entorno es importante. En la serie, Elrich Bachman y su actitud grosera con los demás hacen que la valoración de El Flautista baje y que Hendriks se vea obligado a terminar aceptando el dinero envenado de Hanneman.

6.- Tener miles de usuarios únicos no es suficiente.

O al menos, para algunos inversores: es necesario lanzar productos que se puedan vender. En la serie, ante el más que previsible estallido de la burbuja emprendedora, los nuevos responsables de El Flautista se empeñan en convertir el potente algoritmo de compresión en un producto tangible. Se trata de “La Caja”, un objeto que encierra el invento de Hendriks y acaba con sus intenciones de revolucionar internet con su creación. Todo por las ventas.

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7.- No cuentes tu idea jamás.

Si la clave del éxito está en un producto revolucionario, guarda sus secretos para ti. El padre de El Flautista no solo se las tiene que ver con Hooli (que trata de imitar a Hendriks lanzando Nucleus, un algoritmo de compresión similar al suyo), sino que una tercera empresa trata de competir con otro algoritmo. Se trata de End Frame, cuya verdadera intención no es otra que hacerse con el secreto de la tecnología creada por Hendriks por activa o por pasiva (incluidas las malas artes). Finalmente, lo consiguen, pero tampoco es cuestión de que desvelemos aquí cómo.

8.- No todos los acontecimientos inesperados son malos.

Al final de la segunda temporada de la serie, los responsables de El Flautista tratan de demostrar las ventajas del algoritmo retransmitiendo en directo para toda la Red la eclosión de unos huevos de cóndor. Gracias a su velocidad, internet entero podría verlo. Sin embargo, la emisión es un fracaso absoluto. Hasta que el técnico que debe recoger la cámara se despeña por un acantilado y la retransmisión se vuelve viral: los servidores de la compañía aguantan a duras penas (de hecho, acaban envueltos en llamas) y más de 300.000 personas conocen El Flautista gracias al vídeo, mientras el operario se debate entre la vida y la muerte.

9.- No cantes victoria demasiado pronto.

Celebrar las pequeñas alegrías en el mundo empresarial es admisible, pero hacerlo antes de tiempo puede ser todo un error. En Silicon Valley le sucede a Gavin Belson. El CEO de Hooli cree haber ganado la batalla en el peor momento de la serie para El Flautista: el gigante ha demandado a Hendriks y la startup no logra financiación por ello. Cuando todo parecía perdido e incluso el padre del algoritmo se disponía a aceptar la oferta de compra de Hooli, Russ Hanneman llega dispuesto a rescatar el proyecto. Otra vez será, Belson.

10.- Tener una buena idea no es suficiente.

En definitiva, tener un producto prometedor entre manos y un producto con el que se puede revolucionar el mercado e incluso cambiar el mundo no implica saber crear una startup. Un amplio abanico de dificultades pueden asaltar a los emprendedores que, en la mayoría de ocasiones, desconocen el mundo al que se enfrentan: el propio Hendriks no sabía nada en el primer capítulo de la primera temporada, y ahora, junto a los espectadores de Silicon Valley, ha aprendido un buen puñado de lecciones sobre el mundo del emprendimiento.

Foto: Silicon Valley

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