Realidad virtual, inteligencia artificial y API: las ‘startups’ que acaban en el carro cuando los gigantes salen de compras

Categoría: Analisis

“Las empresas actuales deben tener un plan estratégico para integrar la inteligencia artificial [IA] en sus redes de internet de las cosas para desarrollar todo su potencial como clave del éxito”. Esta es una de las conclusiones de un reciente informe de la consultora británica PwC que analiza la importancia de ambas tecnologías para la economía global.

No es la primera vez que esta prestigiosa entidad pone en relieve la importancia de estas dos áreas de la tecnología: a principios de año, las señalaba como dos de los avances convertidos en “megatendencias” que cambiarán el universo empresarial a todos los niveles en los próximos años. En la lista figuran también nombres como la realidad virtual o el blockchain.

Aparte de los pronósticos de los expertos, una prueba del incontenible auge de estas tecnologías es el interés que despiertan entre gigantes como Google, Tesla, Microsoft, Facebook o Apple. Conscientes de la importancia de no perder el tren, ya han comenzado a preparar el equipaje. Pero antes necesitan ir de compras: desenfundan sus millonarias carteras para llenar el carro de startups especializadas en los campos que cambiarán el futuro.

Google headquarters

Algoritmos que mueven la economía

Desde 2012, se ha producido la compra de 200 empresas de inteligencia artificial, según datos de la consultora CBInsights. Una treintena de ellas se han registrado únicamente en el primer trimestre de este año, incluida una de las operaciones más importantes de los últimos meses: la adquisición por parte de Ford de Argo AI, una startup que desarrolla sistemas de machine learning para coches autónomos, por la friolera de 1.000 millones de dólares (unos 933 millones de euros).

El resto de pesos pesados tampoco se quedan atrás. En este terreno, Google cuenta entre sus filas con la popular DeepMind Technologies, una firma británica especializada en deep learning y redes neuronales, las encargadas de dotar de inteligencia (artificial) a las máquinas. Los algoritmos de uno de sus programas, AlphaGo, ya han logrado vencer a un contrincante humano en el milenario y complicado juego del go.

DeepMind

Apple, por su parte, engulló el año pasado a Turi, una plataforma que ofrece herramientas de machine learning para desarrolladores y científicos. Más recientemente, los de la manzana mordida ha apostado por Real Face, una firma especializada en algoritmos de reconocimiento de imagen valorada en 2 millones de dólares (alrededor de 1,9 millones de euros).

Entre aplicaciones y bots anda el juego

Más allá de los algoritmos, el universo de las apps y las API (interfaces de programación de aplicaciones) también suscita interés a los gigantes de la tecnología. En su afán por internarse en este área, Google se ha hecho con la plataforma Api.ai, donde desarrolladores y empresas pueden crear bots (asistentes virtuales que interaccionan con los usuarios a través de los chats) y conectar dispositivos y  servicios a través de las API.

Y no es la única apuesta de los de Mountain View en el campo de las herramientas móviles. Hace unos meses que Apigee forma parte del elenco de empresas bajo el paraguas de Alphabet, después de que la multinacional invirtiera 625 millones de dólares (unos 583 millones de euros) en la transacción. La startup es una plataforma de API que permite a las empresas crear puentes de comunicación entre diferentes máquinas y programas sin necesidad de tener grandes conocimientos sobre esta tecnología.

La herramienta contribuye a la creciente oferta de Google de servicios corporativos en la nube, con la que trata de competir con compañías bien posicionadas en este campo como Amazon o Microsoft. “Nuestros socios y clientes aseguran que desarrollar su estrategia de API es un paso clave para sus negocios”, afirma Diane Green, directora de producto del todopoderoso buscador desde noviembre.  

“Nuestros socios y clientes aseguran que desarrollar su estrategia de API es un paso clave para sus negocios” Diane Green

Pero Microsoft no se va a dejar comer terreno fácilmente. También apuestan por los mayordomos virtuales, como demuestra una de sus últimas compras: el verano pasado adquirieron Genee, una herramienta corporativa para gestionar la agenda con la ayuda de asistentes virtuales inteligentes. Según aseguraban los de Satya Nadella tras la adquisición, planean integrarla en Office 365, su popular paquete de ‘software’ y servicios para empresas.  

El mundo en realidad virtual

Aunque la realidad virtual (VR) podría parecer un campo menos novedoso que los anteriores, los gigantes continúan interesados en esta tecnología que aún no ha alcanzado todo su potencial. Facebook se decantó el año pasado por la startup escocesa Two big ears, especializada en tecnología de audio, que la multinacional ha incorporado a su plataforma Facebook 360. Los de Mark Zuckerberg, que son propietarios de Oculus desde marzo de 2014, apuestan ahora por ofrecer todo un abanico de servicios en la nube para crear contenidos en formato VR.

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Mientras, los de la manzana mordida han sumado a sus filas al equipo y el software de FlyBy Media, una empresa emergente que trabaja en el ámbito de la realidad aumentada: desarrollan tecnología que permite ver el mundo con más detalle y profundidad en la pantalla de un ‘smartphone’. La startup, que Apple adquirió sigilosamente en 2016, ya podía presumir por entonces de currículum. Había trabajado con Google en su proyecto Tango y en otras iniciativas relacionadas con drones y vehículos autónomos.

Pese a haber prescindido de la firma, en Mountain View también se interesan por los nuevos formatos de imagen y vídeo. A finales del año pasado adquirieron Eyefluence, una interfaz de monitorización ocular (eyetracking, en inglés) fundada en 2013 que consiguió levantar más de 20 millones de dólares (casi 19 millones de euros) en inversión. La startup se une otras iniciativas del Google relacionadas con la VR, como sus populares gafas.

El carro de Tesla

En el caso de la firma de Elon Musk, las compras pertenecen a otras secciones más acordes a sus productos y proyectos. En 2016, adquirió un 75 % de la empresa alemana Grohmann Engineering, una compañía fundada en los años 60 que fabrica distintos componentes electrónicos para automóviles rebautizada como Tesla Automation Germany tras la operación.

“Muchos de los componentes esenciales de los sistemas de fabricación de Tesla serán diseñados y producidos en Prüm [donde están afincados los teutones] para ayudarnos convertir nuestras fábricas en las más avanzadas del mundo”, explicaban los de Musk. Su objetivo era aumentar la velocidad de producción de sus vehículos y tener una filial europea desde donde proveer al mercado del Viejo Continente.  

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Y para mejorar la tecnología que utiliza en otro de los sectores en los que centra su actividad, Tesla se hizo el año pasado con la startup SolarCity. La empresa es uno de los principales proveedores de servicios y sistemas relacionados con la energía solar de Estados Unidos, principalmente paneles fotovoltaicos. Es por eso que el gigante de las baterías y los coches eléctricos tuvo que desembolsar 2 millones de dólares (en torno a 1,86 millones de euros) para completar la transacción. Las placas de SolarCity acompañan a las baterías Powerwall de Tesla en su cruzada por llevar la producción y el almacenamiento de energía a los hogares.

Aunque los grandes de la tecnología pueden tachar un bueno número de nombres de su lista de la compra, es poco probable que se den por satisfechos. Engullir otros proyectos es una manera de completar su puzle tecnológico e incorporar productos y servicios en cuyo desarrollo tendrían que invertir no solo grandes cantidades de dinero, sino también un tiempo que no están dispuestos a perder.

Fotos: David Orban, Fill y Tesla.

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